En los Paisajes escondidos...

En Cantabria hay preciosos paisajes rurales que se encuentran escondidos. No hablamos del éxodo rural o del fenómeno de la España vaciada —que, sin duda, han contribuido a que pasen desapercibidos para gran parte de la población—, sino de parajes que, por la propia orografía de la montaña, la altitud sobre los núcleos poblacionales y la distancia con las autovías, exigen adentrarse en ellos para ser descubiertos.

Son valles cerrados por cordilleras y pueblos enmarcados por las rías donde el entorno rural convive y se rinde a su paisaje, dotándolo tanto de belleza como de inexpugnabilidad.

...su estructura y edificación...

Dentro del paisaje natural, integradas de forma casi camaleónica, todavía quedan en pie antiguas casonas de piedra.

Las Casonas montañesas se definen por ser edificaciones más ostentosas que las casas rurales, pero sin llegar a la categoría de palacios, aunque —como veremos en sus distintas variantes— esta frontera es difusa.

Lo que realmente las unifica es una estructura puramente rectangular y muy sólida: una cualidad que no solo es una herencia militar, sino también una respuesta a la estética natural y toda una declaración de intenciones.

...guardan elementos constructivos.

Las Casonas montañesas prefieren la sobriedad, y su ornamentación está más matizada en la mampostería que en la decoración. No obstante, podemos encontrar una serie de elementos que las distinguen.

Portaladas

La portalada monumental es un portón de grandes dimensiones que sirve como una entrada hacia el recinto.

Suelen configurarse en forma de arco de medio punto y estar construidas en piedra de sillería, que son aquellas piedras labradas por sus diferentes caras por un artista cantero.

Escudos de Armas

Se tallaban en piedra arenisca y es la pieza central de la decoración. Sobre su carácter ornamental, destaca su función heráldica, pues distinguía a la familia mediante su lema o inscripción.

Ventanas

O simplemente llamados vanos, pues en muchos casos eran huecos rudimentarios, eran escasos en las casonas. En la fotografía podemos ver unos vanos geminados, o gemelos, que constituían dos huecos idénticos y contiguos.

Tejados

A dos o a cuatro aguas, los tejados de barro cocido se sostienen en sobresalientes aleros de madera que protegen las paredes de piedra y la madera del balcón. Ocasionalmente, a sus extremos culminan bonitos canecillos.

Balconadas

Levantadas en madera de roble y castaño y en contraste con la piedra, los balcones recorrían toda la fachada por la parte de la solana (la parte de más luz solar). En las balconadas de las imágenes se puede apreciar el habitual trabajo de torneo y talla que sutilmente las decoran.