La fábrica llegó a su cenit de producción en los años sesenta del siglo XX. A lo largo de esa década comenzó su declive, que quedaría manifiesto en el año 1965, cuando solo funcionaba un horno, había falta de personal especializado y las piezas se acumulaban sin vender en los almacenes.
La competencia era mucha en aquellos tiempos, sobre todo de la mano de Manuel Álvarez, un empresario gallego que fundó fábrica de loza en Vigo y que con el tiempo fue adquiriendo otras, como la propia Ibero Tanagra, que fue absorbida por las empresas GEA (Grupo Empresarial Álvarez) en 1973.
Los herederos de Álvarez no gestionaron bien los negocios y la Ibero Tanagra es intervenida por el Instituto Nacional de Industria en 1975, quien liquidará definitivamente la fábrica en 1982, con numerosas pérdidas económicas.