Hasta la década de los años 30 se dedicó casi en exclusiva a la fabricación de vajillas y juegos de té de uso diario, ampliándose la producción a partir de esos años con una porcelana más refinada y elegante, conocida como china opaca. Desde finales de los 40 se comercializan piezas artísticas, así como loza para hospitales (Casa Salud Valdecilla).
También se dedica a trabajar por encargo tanto para particulares (bodas) como empresas e instituciones (ceniceros conmemorativos).
A lo largo de su existencia la fábrica registró varios modelos industriales, siendo el primero de ellos de 1927, con el nº 34867.
El éxito de las piezas de la fábrica, valoradas por su calidad y exquisitez en los diseños, le llevó a ganar la medalla de oro y un diploma de honor en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Compitiendo con otras fábricas de loza de renombre, como La Cartuja de Sevilla o La Segoviana.
Encontramos anuncios en la prensa vendiendo el producto final, pero también otros “solicitando hierba”, utilizada en el embalaje de las piezas.
En los años cincuenta producía 1.200.000 piezas al año, por valor de un millón de pesetas. Llegando a su período de máximo esplendor en la década de los 60.